Explicado
El evento puede atribuirse a una causa física, técnica, ambiental, psicológica o contextual razonable.
El protocolo SIPAC organiza la investigación en fases sucesivas para separar testimonio, entorno, registro instrumental e interpretación final.
Muchos fenómenos reportados como paranormales aparecen en condiciones poco adecuadas para extraer conclusiones: baja visibilidad, miedo, cansancio, expectativas previas, espacios con ruidos complejos, viviendas antiguas, instalaciones eléctricas irregulares o relatos reconstruidos después del suceso.
En ese contexto, cualquier lectura aislada puede parecer significativa. Un pico electromagnético, una sombra, una grabación con ruido o una caída de temperatura solo adquieren valor cuando se comparan con el comportamiento normal del lugar y con otros registros independientes.
El protocolo se diseña precisamente para ralentizar la interpretación. Primero se documenta. Después se compara. Más tarde, si los datos lo permiten, se clasifica.
Recogida ordenada de testimonios, fechas, frecuencia de los eventos, condiciones en las que aparecen, personas implicadas, cambios recientes en el entorno y posibles factores emocionales o contextuales. El testimonio orienta la investigación, aunque no funciona como prueba por sí solo.
Revisión de variables humanas que pueden afectar a la percepción y al recuerdo: estrés, ansiedad, duelo, insomnio, sugestión, conflictos familiares, aislamiento, miedo anticipatorio o contagio emocional. Esta fase debe tratarse con respeto y sin ridiculizar la experiencia de los testigos.
Estudio de condiciones estructurales, acústicas, térmicas, electromagnéticas y ambientales. Se revisan corrientes de aire, vibraciones, tuberías, maquinaria cercana, ascensores, tráfico, humedad, instalaciones eléctricas, resonancias de sala, infrasonidos y posibles fuentes de contaminación de señal.
Registro previo de las condiciones normales del lugar. Esta fase permite saber cómo se comporta el entorno cuando no se está produciendo ningún evento reportado. Sin línea base, cualquier variación corre el riesgo de ser interpretada fuera de contexto.
Selección de cámaras, micrófonos, sensores y sistemas de almacenamiento según las necesidades del caso. Se define ubicación, alimentación, cableado, protección frente a interferencias, sincronización temporal y redundancia. La instrumentación debe responder a una pregunta concreta, no ocupar espacio por simple apariencia técnica.
Observación con intervención humana mínima. Esta fase reduce contaminación accidental, sugestión de los participantes y generación de artefactos por presencia física en el espacio. Los datos se registran de forma continua y sincronizada.
Introducción progresiva de investigadores o testigos bajo condiciones documentadas. Se registra quién entra, cuándo entra, qué hace, qué objetos manipula y qué eventos subjetivos declara. Cada anotación debe poder cruzarse posteriormente con los registros audiovisuales y ambientales.
Análisis de vídeo, audio y sensores antes de cualquier interpretación. Se revisan artefactos de compresión, ruido electrónico, saturación, pérdida de foco, reflejos, vibraciones, interferencias, fallos de sincronía, clipping de audio y comportamiento normal del equipo utilizado.
Comparación entre fuentes independientes. Un evento gana relevancia cuando aparece correlacionado en más de un sistema: imagen, sonido, vibración, temperatura, campo electromagnético, bitácora y contexto físico. Una señal aislada queda normalmente en categoría indeterminada.
Los resultados se ordenan según la calidad de los datos disponibles: explicado, indeterminado, anomalía débil o anomalía fuerte. Una anomalía fuerte exige correlación entre sistemas, ausencia de explicación ordinaria plausible y documentación suficiente para revisión externa.
El uso de tecnología exige criterios técnicos previos. No cualquier cámara sirve para una investigación de campo. Tampoco cualquier micrófono, sensor o sistema de iluminación. La elección depende del rango de medida necesario, sensibilidad, ruido propio, estabilidad, formato de grabación, capacidad de sincronización y resistencia a interferencias.
En vídeo, el protocolo prioriza cobertura clara del espacio, baja compresión, control de exposición, ópticas adecuadas y posibilidad de revisar el material frame a frame. En audio, se contemplan micrófonos con respuesta conocida, niveles de ganancia controlados, redundancia de fuentes y cableado XLR apantallado cuando sea necesario. Para señales de vídeo o monitorización, el cableado SDI apantallado reduce problemas de contaminación y pérdida de señal.
En medición ambiental se contemplan sensores de temperatura, humedad, presión, vibración, campo electromagnético y, cuando el caso lo justifique, registro de baja frecuencia mediante análisis vibroacústico. Una lectura solo tiene valor si se conoce el instrumento, sus límites y las condiciones en las que fue usado.
Esta parte del trabajo requiere operadores cualificados. La mayor parte de los errores no aparece en el momento de capturar el dato, sino al creer que ese dato significa algo sin haber descartado antes las causas técnicas más probables.
El evento puede atribuirse a una causa física, técnica, ambiental, psicológica o contextual razonable.
Los datos disponibles no permiten una conclusión fiable. Esta categoría evita convertir la falta de información en afirmación extraordinaria.
Evento no explicado de forma inmediata, con registro parcial o correlación insuficiente entre sistemas.
Evento registrado de forma clara, correlacionado entre fuentes independientes y sin explicación ordinaria plausible tras revisión técnica.
La mayoría de los casos probablemente terminarán teniendo explicación. Ese resultado forma parte del trabajo: reduce ruido, protege a los testigos y deja menos espacio para interpretaciones precipitadas.